INDIOS

Hay una raza de indios que llegó al final o a comienzos del presente siglo; los chaguancos, indios que hasta la actualidad viven entre nosotros, y son los que más conocemos. Están arraigados en Calilegua, alli vivieron desde que llegaron a la región, traidos por los ingleses Leach a fin de tenerlos siempre a mano en sus dominios.
Trabajarón siempre en los bananales, pomelares, y naranjales de la hacienda creando un mundo semejante a las posesiones inglesas de la India, lleno de bambues, plátanos, casitas lacustres y árboles exóticos. La figura del chaguanco, cuyo orígen étnico se discute (entre matacos o chiriguanos) es alta y estilizada, de gran belleza en la mujer, cuyo nombre "cuña" nos revela el ascendiente guaraní del lenguaje y las costumbres sosegadas y dignas. De la costa del Paraná también son los atuendos imitación del andalúz del chaguanco, ropa oscura, faja roja, y el sombrero majo inclinado sobre la cara. nos habla de la influencia española sobre sus antepasados costeños.
Se habla de dos ancestros provenientes del guaraní; el chaguanco tembeta y el simba, pero ambos son chaguancos afincados en Calilegua y en el Chaco Boliviano, traídos desde el Pilcomayo por alguien hacia esta región en épocas pasadas. Su lenguaje dialectal guaraní así lo indica. Su carácter dócil y amable, su notable espiritualidad, lo han hecho integrarse a la cultura de los blancos, llenando escuelas y planteles de trabajo.
La religión adquirida entre los ingleses de Calilegua, les ha proporcionado quizás lo más importante para ellos, debiéndose observar en este tema, que como todos los indios chaqueños, no mezclan sus ritos paganos con los cristianos, separándolos perfectamente en sus prácticas. Son muy pocos los chaguancos en estado puro, ya que están integrados a la vida de los otros pobladores del lugar.
El simba (cabellera trenzada) es el que aún mantiene la idiosincracia, al igual que su mujer vestida con el "tipoy" (túnica larga sostenida en los hombros) y el collar de mostacillas de colores envolviéndole el cuello como una gruesa bufanda.
En otros tiempos la mujer chaguanca era considerada cristiana o pagana según su vestimenta se la llamaba "misionera" si vestía corrientemente, o "cuña" si usaba el "tipoy".
La misionera era una mujer aseada, tenue y triste en su vida cotidiana, en cambio la "cuña" era osada y afecta a pintarse la cara. Pero nadie podrá decir que sus pueblos no fueran un ejemplo de aseo y corrección. A la manera de los blancos, se organizan en familias y en comunidades bien ordenadas, pero mantiene de la antigua tribu un jefe prominente a quién todos miran con respeto.
Sus casas son de madera, pequeñas, siempre frente a un patio apelmazado y liso, donde la familia vive y está todo el día. siendo estas casitas construidas en muchos casos sobre grandes troncos para elevarlas del suelo, como prevención de posibles inundaciones, o ataques de alimañas.
Del libro "Apuntes Historicos de Ledesma" De Olga Demitrópulos.